Ya son casi las nueve de la noche del viernes y varios de los funcionarios más importantes del Gobierno, que hasta hace muy poco parecían intocables y proyectaban la jubilación de la clase política tradicional, permanecen reunidos en la Casa Rosada, atravesados por una tormenta de audios que amenaza con poner en jaque los planes electorales y políticos de Javier Milei. Se los nota abrumados: a lo largo del día, de todos estos días, mantuvieron una reunión detrás de otra, la mayoría tensas, y frente a un clima de paranoia que los lleva a pensar que ahora mismo pueden estar siendo grabados o, peor, que entre ellos puede habitar un traidor. Este periodista busca entre los contactos de WhatsApp el nombre de uno de esos funcionarios y llama sin previo aviso. El hombre, que rara vez atiende, contesta rápido, con una voz que roza la disfonía. No dice ni hola:
—¿Me llamás para darme una mala noticia? —pregunta.
Como muchos de sus compañeros, luce deconcertado y preocupado. En lugar de dar información, la pide. Hay más grabaciones y el círculo presidencial lo sabe. Los audios de Karina Milei, que en principio no tienen un contenido que la comprometa, terminaron de instalar la certeza de que el tema viene para largo. ¿Hay también videos? ¿Será cierto que la voz de uno de los ministros más respetados podría irrumpir pronto en una situación incómoda? ¿Y si existe más material clandestino de otros miembros de La Libertad Avanza? Estas inquietudes provocan que el oficialismo no termine de definir cómo pararse frente al nuevo escenario.
La gestión, salvo en el plano económico, donde Luis Caputo y Santiago Bausili libran una batalla contra la desconfianza del mercado y la suba del riesgo país y el dólar, ha quedado paralizada y los cerebros de la comunicación libertaria entraron en crisis porque la conversación en las redes gira en torno a Diego Spagnuolo, el ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, que circulaba por cafés y despachos para alertar que, supuestamente, Eduardo “Lule” Menem lidera un sistema de coimas con la droguería Suizo Argentina que llega hasta la mismísima Karina.
La reacción del Presidente y sus asesores fue tardía y se mantiene confusa. Se intentó, al principio, asociar a Spagnuolo con Victoria Villarruel. No tardó en aparecer el registro de visitas en la Residencia de Olivos -donde Spagnuolo presenta más asistencias que Karina y Santiago Caputo- y la asociación careció de sentido. Hasta Guillermo Francos, el jefe de Gabinete, tuvo que pedir disculpas por haber dicho que la vicepresidenta había acercado a Spagnuolo a La Libertad Avanza. Aun hoy en la Rosada parecen más concentrados en buscar quién grabó al ex funcionario que en abordar la profundidad de la denuncia.
No todos están de acuerdo con esa postura. Una corriente de desencantados empieza a exigir explicaciones convincentes, algo más que tildar el caso de “operación”. Uno de los influencers más conocidos, que esta semana se negó a participar de los ciclos de TV que lo convocaron, le dice a Clarín: “Ni en pedo voy a poner la cara por los Menem. Que se hagan cargo”.
En el Ejecutivo pasaron de apuntar contra Villarruel, e inclusive de vincular el episodio a la interna del karinismo y el caputismo, a fomentar la hipótesis de que Spagnuolo fue grabado por la diputada Marcela Pagano y su pareja, Franco Bindi. Mencionaron a la vez a abogados que habrían sido consultados por Spagnuolo el año pasado, al kirchnerismo y a Sergio Massa y al tesorero de la AFA, Pablo Toviggino. En las últimas horas también se mencionó a una misteriosa mujer que habría sido presentada en algún momento, sin serlo, como pareja de Spagnuolo y que podría haber vendido esos audios. A falta de pruebas, se expande otra conjetura: “Este tipo era tan bocón que pudo haberlo grabado cualquiera o, incluso, más de uno”, sostiene uno de los encargados de descifrar el enigma.
El Presidente, que sigue sin dar entrevistas y mucho menos conferencias de prensa, pretendió dar por terminada la cuestión el miércoles, cuando en una caravana proselitista en Lomas de Zamora dijo que llevará a Spagnuolo a la Justicia. En su equipo intentan que no vuelva a referirse al tema, aunque la dinámica de los acontecimientos -y la personalidad del líder libertario- hacen que ni siquiera en eso pueda haber una hoja de ruta. La frase alcanzó para ratificar su respaldo irrestricto hacia Karina, pero, también, a la decisión de su hermana de no desprenderse -como se sugirió en algunas reuniones- de Lule Menem.
El principal asesor de la secretaria general de la Presidencia solo podría irse si aparece alguna prueba irrefutable en su contra. “No usamos fusibles, como suele hacerse. Solo tiramos por la ventana a los corruptos”, confiaron cerca del jefe de Estado. Es decir, Menem, cuanto menos por ahora, no lo sería, pese a las acusaciones del hasta hace pocas semanas confidente de Milei.
Spagnulo se negó a recibir el asesoramiento legal que le ofreció el Gobierno, a través de Santiago Viola. El ex director de la ANDIS designó a Juan Aráoz de Lamadrid e Ignacio Rada Schultze, recuperó su teléfono y mantuvo algunos diálogos con viejos amigos. Está asustado y desconfía de la mayoría de las personas que lo contactan. Va y viene en sus pensamientos: pasa de decir que podría iniciar algún tipo de diálogo con el Gobierno a afirmar que si habla y cuenta detalles de lo que sabe “se cae todo”. Todavía no definió si se acogerá a la figura del arrepentido.
Milei le dijo al consultor político Juan Mayol, quien lo visitó durante la semana, que él no tiene nada para ocultar. “Que vengan, miren y revisen todo”, habría dicho. El consultor le informó sobre una caída en su popularidad en torno a los cinco puntos. Otros encuestadores hablan de una cifra más cercana a diez. A diferencia del escándalo $Libra, que la población veía como más lejano y propio de un micromundo, los audios se anclaron en la conversación de quienes no leen con frecuencia noticas políticas. El contraste es evidente: mientras el Poder Ejecutivo recorta gastos para las personas que sufren alguna discapacidad, el ex jefe de la ANDIS denuncia que “Lule” Menem le exigía a las droguerías un retorno del 8% de los medicamentos.
Suizo Argentina, la empresa, que en un comienzo dijo que iba a colaborar con todo lo que estuviera a su alcance, el viernes -durante un allanamiento en sus oficinas de casi diez horas- se negó a facilitar los mails y el contenido de las computadoras. Los mails son determinantes porque podrían desnudar la eventual trama de licitaciones y corrupción. Los hermanos Kovalivker, responsables de la droguería, también pusieron trabas. La Justicia investiga el vínculo de ambos con Lule y Martín Menem y no descarta que haya conexiones con otro Menem, Fernando, que tiene casa en Nordelta, donde viven los Kovalivker.
Se alimentan todo tipo de fantasías en torno a esa relación y a la supuesta protección que tenían los dueños de la droguería. Una de esas fantasías tiene que ver con la colección de autos de lujo que posee en su casa uno de los hermanos, en la que se destacan diez Porsche negros y diez blancos.
Como adelantó Clarín el domingo pasado, la Justicia cree que los Kovadlivker, antes de que fueran allanadas sus casas, recibieron la protección del personal de seguridad privada de Nordelata, que le habría puesto trabas a la Policía de la Ciudad para darles tiempo a escapar y ocultar documentación y dinero. La Justicia secuestró las grabaciones y le tomó declaración indagatoria a Ariel De Vicentis, responsable de la Seguridad de Nordelta. Ese día se registraron gritos e insultos en el puesto de control.
Mientras el establishment expresa sus dudas por el rumbo que adquiere la administración libertaria y “Toto” Caputo advierte que la economía podría enfriarse en el corto plazo por la suba de tasas, en el Gobierno empiezan a reconocer que se nota mucho la falta de muñeca política para encarar la crisis. Eso lleva a pensar que los cambios obligados de Gabinete por las salidas futuras de Manuel Adorni, Patricia Bullrich y Luis Petri podrían ser funcionales para hundir el cuchillo en otras áreas y reacomodar el poder del Gabinete.
Hoy domina la desconfianza, no solo hacia afuera. El malestar entre funcionarios que están enfrentados y que se acusan mutuamente de hacerse operaciones crece. “Esto solo lo puede frenar Javier”, se oye en los pasillos de la Casa Rosada.
Los audios vinieron a potenciar la crisis interna, que el Presidente minimizaba. El recelo es tan grande que puede simbolizarse en una anécdota. Hace unos días, ante la proliferación de audios y filtraciones, a un influyente funcionario le ofrecieron la posibilidad de hacer una búsqueda de artefactos de escucha ilegal en su despacho. El hombre lo pensó dos veces y se negó, temeroso de que quienes concurrieran a detectar micrófonos fueran, al cabo, los encargados de instalarlos.