22 C
Santa Fe
miércoles, enero 21, 2026

La historia de Diego Cremonesi: tras años de hacer bolos, ahora, cerca de los 50, es figurita codiciada del streaming

Noticias Relacionadas

Diego Cremonesi no busca que el reflector le dé más fuerte. O que su permanencia en escena se justifique con suntuosos planos cinematográficos. Ni siquiera ser el mejor, aún cuando su continuidad ganada en pantalla (estrenó cuatro series en plataformas entre 2025 y principios del 2026) le propone dominante visibilidad.

La pulsión del ex El marginal y villano de culebrón con matices (Hija del fuego, la venganza de la bastarda, su serie con la China Suárez, arrasó en Disney+ y en febrero aterriza en El Trece) surfea otra dirección. En esa plataforma también participa de Los mufas.

“Soy alguien que piensa el trabajo en equipo. No me gusta la actuación de la persona que goza de sí misma o que hace una de más sin importar el partenaire. Desde que decidí ser actor a los 24, hago todo con el mismo compromiso”, dice el intérprete platense que, amparado en su convicción, no necesita marquesinas LED para encandilar.

Tampoco agua suficiente para tirarse a la pileta porque “disfruto entregarme y sorprenderme con lo que pueda pasar. A veces pasándome, pero siempre yendo al borde con mis papeles desde lo sensible o lo dramático. Que es lo que se me está confiando más”, dice quien llevó su costado más lúdico a las tablas como pareja de Carla Peterson (Reverso), acompañó el debut teatral de Nico Repetto en Sala de Espera y, con fecha límite de vacaciones el 6 de febrero, renueva temporada en el San Martín con La Gaviota: de miércoles a domingos hasta el 15 de marzo.

De esposo infiel al mufa más peligroso, Cremonesi ensancha su curva actoral. Y en ese surtido itinerante de composiciones, el actor que pasó del cine de terror a bolos en Polka, con pasado de animador social y dos décadas de café concert, hizo de su método una póliza de calidad.

De actuar en el living para unos pocos a ser visto en los livings por muchos

“Durante años hice cosas que no tenían que ver con mi búsqueda, pero sí con el aprendizaje. Hice humor y mi alter ego era rock and roll. Me enfrentaba a situaciones muy diferentes y zarpadas. De actuar para 10 personas en el living de una casa a 250 en un salón de casamiento, club o teatro. Todo eso convive en mí”, repasa.

-¿Y construyó el desenfado en tu actor?

-Puede ser. Nunca lo había pensado. Siempre fui muy descarado y no hubiese logrado un montón de cosas si no era. Cuando estudié teatro era lanzado. No me gusta la actuación heroica donde siempre quedás bien parado. Para mí es mejor más y después graduar que quedar a medias. La tibieza no me gusta y en lo patético hay oro actoral. En mis inicios el personaje de agente de Interpol en Socios por accidente fue importante porque me llevó a Kryptonita, que me abrió al cine y lugares que no te imaginás.

-¿No los imaginaste?

-Y, no es muy normal que alguien aparezca con fuerza en el medio con casi 40 años, que gane el Martín Fierro. En general son jóvenes. En un momento pensé que no se me iba a armar. Sí sabía que iba a vivir de actuar porque lo había decidido. Y cuando empecé a tener más convocatoria y reconocimiento, pandemia… Siento que todavía me falta un montón.

-Pero el derecho de piso ya lo pagaste.

-Te lo ganás con oficio, con personajes chicos y al servicio de la escena. Hice muchísimo cine de género, trabajos de alumnos que conservo como un hecho militante. Hace poco hice una tesis de chicos del ENERC y dos películas independientes para devolver algo a esa escuela que fue la mía. Y cuando me tocaron personajes importantes los hice con la misma responsabilidad.

-El reconocimiento a esta edad ¿conspira a que no se desacomode tanto el ego?

-Es posible. Me pasó siendo grande. ¿Qué me voy a hacer?

-Fuiste el yerno de Julio Chávez en ficción y compartiste un premio Cóndor con Daniel Fanego, podría haberte pasado.

-Hubiese sido un gil. Yo disfruto mirar a los grandes que tienen humildad. Cuando te plantás en escena con un compañero, tenga o no recorrido, somos iguales. Me lo hizo sentir Eleonora Wexler en Un gallo para Esculapio, que por una desinteligencia yo estaba muy nervioso. Igual Peter Lanzani. También Claudio Rissi, del que era gran admirador y no me voy a olvidar jamás su mirada receptiva en escena. No era alguien que me estaba despachando. Tenía ganas de llorar después. (Se emociona)

Y agrega: «Porque he estado con los que no te habilitan el juego, que los hay. Aprendés a la fuerza. Hay una lucha con el ego. Pero a veces toca pasarla para que otro meta el gol».

-¿Recomendás no saltearse esa escuela?

-Recomiendo que la que te toque la puedas hacer consciente del entorno. Lo más difícil es entender la dinámica de set. La actuación es un 3% de lo que se le dedica a esto. En Hija del fuego grabé el capítulo 21 en mi segunda jornada. Fausto Saavedra (su personaje) vive un tsunami y le pasa de todo. Tenía que estar a la altura y superó las expectativas nuestras y las que lo esperaban con cuchillo y tenedor para matarlo. La China es muy buena compañera y recibía muy bien lo que venía de mí. Cuando sos cabeza de equipo marcás la onda de un rodaje.

-¿Volver a trabajar en una producción de Adrián Suar es tu revancha a los años de bolos en Pol-ka que la mirabas “desde afuera”?

-Total. Yo tenía cierta fama local en La Plata y cada cosa que hacía repercutía. Y, como me daba pudor, bromeaba con que tenía un personaje que se llamaba minuto y medio. Lo que duraba el bolo. Muchas veces la pasé mal. Y a la quinta vez que fui a Estudios Baires, a 3 horas desde La Plata, pensé: No es cualquier abogado, es este abogado. Y, en una tira, hacer contacto con alguien que lo estime me empezó a dar consciencia de lo que hace falta. Tomarte un segundo y mirar a los ojos.

Yiya, las moscas, la gaviota y el horizonte

Mientras en Yiya (Flow) el ex El Tigre Verón se mide el traje de Murano -esposo de la envenenadora de Monserrat-, El tiempo de las moscas (Netflix) reubica a Cremonesi como el eslabón clave que detona la historia basada en dos libros de Claudia Piñeiro. “También está bueno acompañar un elencazo, aunque no tengas mucho para morder. La actuación audiovisual me obsesiona porque, a diferencia de teatro, lo que no contás hacés que sea percibido”, dice el también director.

-¿Consumís streaming? ¿Tele? ¿Series verticales? Tus últimas entrevistas las diste con una remera de «Stranger Things».

-La vi con mi hijo. Series verticales (muy cortas, ideales para consumir de un bocado en celulares) todavía no, me pega un poco. Yo extraño y sufro pensando que el cine de autor es el que se está destruyendo. Lo de ahora es ir a lo seguro, lo inmediato y al efecto. Pero como cualquier cosa que empieza va a ir encontrando su forma. También es bueno que existan plataformas que producen y no a costa de lo que le sacan al cine independiente. El problema es la lucha nuestra por el financiamiento del cine.

Aunque viene de una hora al volante, el motor Cremonesi, con 49 años, se enciende cuando habla de actuar. Al encuentro trae lentes oscuros, algunas repreguntas a Clarín y una curiosidad: “La Autopista Buenos Aires-La Plata es mi espacio para pasar letra. Más hoy que tengo nenes chicos”, explica.

-¿Es terapéutico?

-No sé si mi terapeuta diría que es bueno, pero me armó un sistema. Con papelitos numerados para llevar y tener a mano. Trato de buscarle a cada escena un recorrido. Y no estoy inventando nada, lo dijo John Ford. Pero no para estar mecanizado, para dejarme sorprender.

Cuenta que «en La Gaviota llegué al primer ensayo con el texto sabido. Como una forma de tranquilizar el león de la neurosis. Siempre siento que tengo que dar mucho. Me grabo, escucho en loop las escenas. Tenía un grabador exactamente igual a éste (el de periodista) y ahora lo hago con teléfono. Me escucho y corto el pasto con la escena. Y en casa me hacen bullying, jaja. Mi hijo más grande se me caga de la risa».

-¿Tu pareja no porque también es actriz?

-Desde ese lugar me respeta y me banca. También es docente teatral. Nos conocimos en un bar. Ella me había visto en café concert. Es una actriz bárbara (Noe Vergini). Sobre mi hija chiquita no sabemos para dónde va a ir, pero como padre te ponés re conserva. Mi hijo Bruno está obsesionado con el fútbol y quiere ser futbolista. Y no sos tan hippie y tan progre cuando sos papá.

-Cómo tampoco lo habrán sido con vos.

-Tuve la ventaja y desventaja de irme chico de casa y no rendir cuentas. Con varios intentos a los 15, los 16, hasta que lo hice después del secundario. Viví de mis ingresos muchos años como empleado de telepostal en el Correo Argentino.

Pero, con la foto del lunes, resalta: “Yo era una bomba de tiempo esperando expresar algo que no sabía qué era y que sólo encontré en la actuación. Y cuando no lo hago, me siento débil. Por eso siempre es mejor un Cremonesi trabajando que un Cremonesi sin saber qué hacer”.

-¿Caminás mucho por las paredes?

-Sí, no la paso muy bien. Es más para una charla de diván, pero sufro bastante. Cuando veo el horizonte estoy bien, pero sufro las esperas. Cuando se termina algo donde puse mucho me deprimo un poco. Me salva mi familia. Y la vida que te obliga a estar activo.

-Ahora estarás tranquilo porque en el horizonte hay reestreno…

-Sí, estoy de vacaciones hasta el 6 de febrero. La segunda temporada de La Gaviota y por primera vez en el San Martín es un paso que quería dar.

-Lorena Vega dice que la popularidad le llegó cuando su búsqueda era otra. ¿Vos nunca tiraste del todo la toalla, incluso cuando la balanza te daba más pérdida que ganancia?

-Me siento identificado con lo de Lore (la psicóloga de Envidiosa), venimos de lugares parecidos y de pronto le toca algo popular y de calidad. Para mí es todo ganancia. Ojalá haya mucho más y se afirme en el tiempo.

Últimas Publicaciones