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jueves, enero 22, 2026

Cuando los humanos ya estaban conectados: redes prehistóricas a gran escala

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La investigación, basada en el análisis geoquímico de utensilios de piedra tallada de un yacimiento en Guadalajara, demuestra que cazadores-recolectores del centro de la península ibérica mantuvieron contactos a muy larga distancia, conectando amplios territorios de Europa occidental.

Investigadores de varias instituciones europeas, liderados por científicos de la Universidad de Alcalá y la Universitat de Barcelona, han demostrado que los cazadores-recolectores que habitaron el interior de la península ibérica durante el Último Máximo Glaciar (entre hace alrededor de 26 000 y 19 000 años) formaron parte de redes sociales de gran escala, capaces de conectar amplios territorios de Europa occidental. El estudio, publicado en la revista Science Advances, documenta además contactos a muy larga distancia, de hasta 600–700 kilómetros, entre el centro de la península ibérica y el suroeste de Francia.

La investigación se basa en el análisis arqueopetrológico y geoquímico de herramientas de piedra tallada del periodo solutrense recuperadas en el yacimiento de Peña Capón (Muriel/Tamajón, Guadalajara). Los resultados muestran que algunos de estos objetos fueron fabricados con sílex procedente de afloramientos geológicos del suroeste francés, lo que constituye la mayor distancia confirmada en el Paleolítico europeo entre el origen de una materia prima lítica y el lugar donde fue abandonada.

Contactos a larga distancia

Las sociedades de cazadores-recolectores se organizaban tradicionalmente en redes sociales complejas que permitían el intercambio de información, bienes y personas, generando así un mecanismo adaptativo que aseguraba la supervivencia de los grupos. Aunque este tipo de comportamientos se conoce desde hace décadas gracias a la etnografía y a la arqueología, las evidencias directas y cuantificables de interacciones a muy larga distancia durante el Paleolítico son escasas.

Hasta ahora, la mayoría de los desplazamientos documentados de materias primas líticas no superaban los 200 o 300 kilómetros, y las redes sociales amplias se inferían de forma indirecta a partir de estilos artísticos, objetos simbólicos o rasgos culturales compartidos.

Este nuevo estudio aporta, por primera vez, una prueba geoquímica directa de contactos sostenidos a una escala superior a 600 km. No es asumible interpretar que los grupos humanos que se asentaron en Peña Capón recorrieron estas distancias solo para aprovisionarse de sílex para la talla, por lo que los investigadores proponen que las rocas “viajaron” como consecuencia de diversos intercambios a través de redes sociales con una amplitud desconocida hasta hoy.

Redes estables, complejas y multirregionales

El estudio demuestra que estas conexiones no fueron contactos puntuales, sino parte de redes sociales complejas y estables, mantenidas durante varios milenios, asegurando así la supervivencia de los grupos humanos durante algunas de las fases climáticas más frías de la última glaciación.

Además de las materias primas procedentes del suroeste francés, los niveles solutrenses de Peña Capón contienen sílex y jaspes de las cuencas del Tajo, el Duero y el Ebro, algunos de ellos con orígenes también a distancias que exceden el ámbito regional. La presencia conjunta de todas estas rocas en los mismos niveles arqueológicos indica que Peña Capón y su territorio circundante pudieron funcionar como zona de agregación estacional, integrada plenamente en las grandes redes sociales del suroeste europeo durante varios milenios.

Los investigadores estiman que la extensión mínima del territorio que sostuvo estas redes alcanzó cerca de 89000 kilómetros cuadrados durante el Solutrense medio. Una superficie de este tamaño no podría explicarse mediante los patrones de movilidad anual de los grupos humanos, pues supera ampliamente los territorios de cualquier sociedad cazadora-recolectora conocida, tanto a escala arqueológica como etnográfica. Por tanto, solo puede explicarse a partir de la existencia de amplias redes sociales que permitían el intercambio de información y bienes entre distintos grupos interconectados a distintas escalas geográficas.

Utensilios con valor simbólico en tiempos extremos

Los investigadores concluyen que algunos utensilios de piedra hallados en el yacimiento de Peña Capón, procedentes del suroeste de Francia, no se transportaron por su utilidad práctica, sino por su valor simbólico. El análisis indica que ciertos objetos, como una preforma de punta de proyectil, fueron llevados ya elaborados y circularon entre grupos humanos mediante redes de intercambio.

Estos bienes simbólicos habrían servido para reforzar alianzas, mantener contactos sociales y reducir riesgos entre grupos muy dispersos durante el Último Máximo Glaciar, un periodo ambiental extremadamente duro. El estudio, desarrollado durante siete años por un equipo internacional, se apoya en técnicas analíticas de alta precisión que han permitido identificar con fiabilidad el origen de las materias primas y aporta nuevas claves sobre la organización social del Paleolítico superior.

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