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jueves, enero 15, 2026

Recuperarán la casa abandonada de la esquina de Laprida y Santa Fe

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En pleno centro rosarino, una de las esquinas del corazón del casco histórico permanece abandonada desde hace una década. La casona de Laprida 708, construida inicialmente a pedido de una familia de la élite local, está vacía y deteriorándose frente a la remozada plaza 25 de Mayo. Pertenece al Estado argentino, y por eso fue sede de distintos organismos públicos, hasta que en 2015 la desocuparon para realizar tareas de restauración que nunca se efectivizaron. Ahora volverá a ponerse a punto con el objetivo de albergar a la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (Anpyn), luego de que fracasaran los intentos de concesionarla a privados, según revelaron fuentes nacionales ante la consulta de La Capital.

El pasado   

Con 1.504 metros cuadrados de superficie cubierta, la imponente propiedad se alza en la ochava sudoeste de Laprida y Santa Fe desde 1931, cuando la construyeron los arquitectos José Garbino y Leopoldo Schwartz. Los mismos que se habían encargado poco antes de la ampliación de la catedral metropolitana y del museo municipal de arte decorativo (entonces la residencia de Firma Mayor y Odilo Estevez), sólo por citar dos intervenciones contemporáneas entre sí en la zona fundacional de Rosario.

  La mansión señorial que quedó en desuso fue desarrollada hace casi un siglo en subsuelo, planta baja y planta alta para la familia de Juan Bautista Aliau y Germana Rouillon Vierci (cuyo hermano, el empresario Alfredo Rouillon, fuera intendente de Rosario en la década de 1920). Posee una escalinata de ingreso, patios interiores y galerías, así como preciosos vitraux. Otras residencias particulares de grandes dimensiones que se ubicaban en inmediaciones de la plaza, y cuyos dueños originales eran representantes de la burguesía local, como Rosa Tiscornia, José Arijón y la familia Uranga, en el devenir del siglo pasado terminaron demolidas. Esta finca logró sobrevivir: pasó a manos de la Nación y está catalogada por su valor arquitectónico y urbanístico, así que tiene protección patrimonial.

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Sebastián Suárez Meccia / La Capital

  A partir de los años ochenta, se le asignaron distintos usos, desde sede de la obra social de los jubilados (Pami) a oficinas del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). El personal del organismo se trasladó en 2015 a otra sucursal para que pudieran llevarse adelante trabajos de refacción en el interior, pero nunca volvió. En el medio hubo vaivenes institucionales, diferentes administraciones, carteles de obra, una pandemia que paralizó al mundo y hasta intrusos que a principios de 2024 lograron ingresar y llevarse objetos y materiales valiosos (de infraestructura, no de mobiliario).

El futuro  

“Este gobierno recibió la casa en muy mal estado. Tanto es así que se intentó concesionarla y nadie estuvo interesado”, revela una fuente de la gestión mileísta. “Hace poco la Anpyn se la solicitó a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (Aabe) para utilizarla. Y así será, la van a poner en funcionamiento”, asegura el funcionario consultado. Claro que antes necesita arreglos.

La Aabe depende de la Jefatura de Gabinete de Ministros y la Anpyn es un ente autárquico creado para asumir las responsabilidades de la extinta Administración General de Puertos Sociedad Anónima Unipersonal (AGP SAU) y la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables. De hecho, en Laprida 708 iba a funcionar el organismo de control de la Hidrovía Paraná-Paraguay, denominado Ecovina (por Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable), dependiente del Ministerio de Transporte durante la gestión del expresidente Alberto Fernández. Había sido creado para llevar adelante el proceso licitatorio nacional e internacional de las obras de la hidrovía.

La ansiedad de los vecinos

Los vecinos están ansiosos por el retorno de la vida administrativa de la finca, como sucedía en años anteriores, cuando había movimiento institucional durante el día y hasta un sereno en horario nocturno. Una mujer que vive en la cuadra define al problema como típico del perro del hortelano, pues la Nación no ejecuta los arreglos ni cede tampoco el espacio para que lo gestionen otros niveles del Estado (en 2019 hubo un proyecto para que su titularidad fuera cedida a la provincia).

“El año pasado se metieron unos tipos y empezaron a saquear. Rompieron un vidrio, forzaron una reja y entraron. Enfrente (en la ochava noroeste de Santa Fe y Laprida) hay un estacionamiento que cierra por la noche, así que nadie vio nada. Ahora sí hay cámaras”, relata la vecina, y se lamenta porque los intrusos “habían intentado sacar una parte de la chimenea, que es bellísima”. Como si fuera poco, las medianeras de la antigua estructura filtran humedad a las construcciones linderas, una de los cuales es el anexo de la Cámara de Diputados de la provincia.

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Sebastián Suárez Meccia / La Capital

La preocupación del municipio   En el Palacio de los Leones, la sede de la Intendencia del otro lado de la plaza 25 de Mayo, en espejo, también cruzan los dedos para que se le asigne un destino a la casona, y pueda ponerse a tono con las remodelaciones del entorno. Es que en el marco del tricentenario de la ciudad, el municipio realizó intervenciones en el edificio comunal, en la plaza matriz, en la catedral y en el Pasaje Juramento. Permanecen con problemas en las fachadas la citada residencia que fuera del matrimonio Aliau-Rouillon y el Correo Central de Buenos Aires y Córdoba, aunque en este último el hall de ingreso sí se encuentra en condiciones.Se trata de un edificio declarado monumento histórico nacional en 1997, que también depende del gobierno federal.La sucursal del correo está habilitada y abierta al público.

El inmueble de valor patrimonial que permanece cerrado y desocupado desde hace varios años en el entorno de la plaza es el de Santa Fe 730, donde antes funcionaba el Consejo de Ingenieros. Su administrador, José María Tarditti, confirma que está en venta. La mansión no podrá ser demolida por sus nuevos dueños ya que tiene protección. Fue construida en el solar que pertenecía a la familia Uranga por el prestigioso arquitecto Juan Bautista Durand, uno de los impulsores de la creación de la carrera de arquitectura en la ciudad.

Volviendo al caso de Laprida 708, funcionarios municipales le expresaron su preocupación al personal de la Aabe desde que el organismo volvió a tomar posesión del inmueble, en abril de 2024. Es que en esa fecha fue desafectado de la jurisdicción del Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable. De todos modos, según lo anunciado a La Capital, el espacio volverá a tener relación con la cuestión de los puertos y la navegación. La razón principal que hizo crecer a Rosario desde que nació como villa del Pago de los Arroyos justo en ese punto geográfico, alrededor de la llamada Plaza Mayor.

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