En el fútbol el resultado no siempre refleja el desarrollo de un partido. A veces el que juega bien, o mejor que el rival, gana. No siempre. En ocasiones también triunfa el que juega peor. Y, entre ambos extremos, hay combinaciones. Es lo que hace apasionante a este juego, desde el principio de los tiempos. Y Newell’s debe aprenderlo.
Newell’s llegaba al choque contra Defensa y Justicia con un marcado déficit en su producción futbolística. Desde que comenzó el campeonato nunca había jugado bien. Es cierto que mostró alguna tibia reacción frente a Talleres cuando caía por 2 a 0 y pudo llegar al descuento, y que ante Independiente no solo reaccionó sino que terminó justificando con una cuota mínima de fútbol y mucha actitud la igualdad que consiguió sobre el final. También el primer tiempo ante Boca abrió alguna expectativa.
Pero el equipo de la dupla Favio Orsi y Sergio Gómez nunca había manejado la pelota, los tiempos ni los espacios durante un partido. Se diría que en los tres corrió desde atrás, aunque en uno de ellos (ante el Rojo) haya conseguido al menos el empate.
Newell’s no le encontró la vuelta
Y anoche volvió a pasar. Ya desde el principio, Defensa y Justicia se plantó en la cancha para jugarle de igual a igual. Y Newell’s no le encontró la vuelta, por más que de a ratos pareciera superior. Sin ideas claras y sin jugadores capaces de modificar el estado de cosas, el equipo deambuló por el campo. Si había un plan, no se notó. Y tampoco apareció un futbolista que se rebelara contra una medianía que estaba lejos de ser lo que necesitaba para ir a buscar al rival, someterlo y mostrar que tenía algo distinto para ofrecer que en los primeros tres partidos del torneo.
Casi sin jerarquía individual, el equipo de Orsi-Gómez tampoco muestra fortalezas colectivas. Defiende como puede, pierde casi siempre en el mediocampo, tanto cuando intenta atacar como cuando retrocede, y muestra una debilidad extrema a la hora de buscar el arco rival. En el medio nadie se hace dueño de la pelota, no hay desbordes por los extremos y todo el tiempo parece jugar a lo que salga. Que puede ser bueno o malo, y alguna vez quizás hasta será bueno, pero que mayormente no conduce a nada.
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Una marcada involución
Quizás lo más preocupante es que pasan los partidos y el equipo no muestra una evolución. ¿Qué cambió después de la derrota en Córdoba en la primera fecha? Nada. Newell’s es un equipo anémico, desabrido, incapaz de creer en sí mismo incluso cuando se le presenta un partido ideal para recuperarse, como el de anoche. Tirar centros como única fórmula, como anoche, sólo servirá para ganar algún partido aislado, nunca para construir una gran campaña.
Roberto Sensini dijo en la semana que veía que el equipo estaba gestando algo. En el Coloso, ante el Halcón de Varela, no se vio nada que permita certificarlo sino más bien lo contrario: si pasan los partidos y nada cambia, la única lectura que cabe es la de una involución en el planteo y la ejecución de los partidos. Y eso, en el estado de cosas en el que se encuentra Newell’s, no hace más que aumentar la desilusión y la angustia de su gente.
